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Trump lidera un resurgimiento global del nacionalismo

El presidente estadounidense tiene ‘almas gemelas’ en Europa donde los partidos de extrema derecha gobiernan en coalición

La noción de un movimiento nacionalista internacional parece una contradicción. Los nacionalistas están preocupados, sobre todo, por las fortunas de su propia tribu. Para ellos, la cooperación internacional no es algo natural. Y, a pesar de esto, el mundo está presenciando el surgimiento de un «nacionalista internacional». Los partidos políticos nacionalistas están en aumento en todo el Occidente, y se están inspirando mutuamente y trabajando en conjunto.

Donald Trump es fundamental en este desarrollo. Al presidente de EEUU a menudo se le caracteriza como un rebelde aislado en el escenario mundial. Pero, de hecho, él está emergiendo como el líder informal de un movimiento internacional. Al cambiar el rumbo de la política estadounidense hacia una dirección más nacionalista, el Sr. Trump ha cambiado el tono de la política por doquier.

El presidente estadounidense ya tiene ‘almas gemelas’ ideológicas en Europa, donde las figuras claves incluyen a Viktor Orban, el primer ministro de Hungría (quien llegó al poder antes que el Sr. Trump), y a Matteo Salvini, el vice primer ministro de Italia. Los nacionalistas de Europa incluyen partidos de extrema derecha que actualmente están en gobiernos de coalición, como la Liga, el partido del Sr. Salvini, y el Partido de la Libertad de Austria (FPO, por sus siglas en alemán). Pero los temas nacionalistas también han sido adoptados cada vez más por partidos de centroderecha más tradicionales, como la Unión Social Cristiana (CSU, por sus siglas en alemán) de Alemania, el Partido Conservador del Reino Unido y el Partido Popular de Austria (OVP, por sus siglas en alemán).

El tema dominante de los nacionalistas suele ser la inmigración y la necesidad de defender a la nación contra las «multitudes» de inmigrantes provenientes de fuera del Occidente. En temas de economía, ellos a menudo se sienten atraídos por el proteccionismo al estilo Trump.

Estos nacionalistas también son hostiles contra las instituciones y tratados internacionales, los cuales consideran ‘juguetes’ de una élite global desarraigada. La administración Trump se ha retirado de tratados internacionales, como el acuerdo de París sobre el cambio climático, y de organizaciones, como el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Los nacionalistas europeos centran su ira en la Unión Europea (UE) y en las normas internacionales que rigen el tratamiento de los refugiados.

Cada vez más, los nacionalistas buscan cooperar. Sebastian Kurz, el canciller de Austria, ha considerado organizar un eje «Berlín-Roma-Viena» para luchar contra la inmigración ilegal. Richard Grenell, el embajador estadounidense en Alemania, ha hablado sobre empoderar a los «conservadores» al estilo Trump en toda Europa. Steve Bannon, el ex estratega principal del Sr. Trump, convocó reuniones de partidos nacionalistas en Roma durante las elecciones italianas y posteriormente escribió: «Es difícil no sentir que estamos en el lado correcto de la historia».

Los nacionalistas a menudo son fanáticos de Vladimir Putin. Al presidente ruso se le admira por ser un líder fuerte que defiende a su nación. Su violación de las leyes internacionales en el proceso se considera algo positivo, no algo negativo. En contraste, los nacionalistas detestan a Angela Merkel, la canciller alemana, y a Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, a quienes consideran internacionalistas moralizantes, irremediablemente débiles en lo que se relaciona con el tema definitorio de la inmigración.

Este nacionalismo no se limita al Occidente. En Delhi, yo recientemente tuve una larga conversación con Jayant Sinha, un ministro del gobierno. Él argumentaba que el gobierno del Sr. Modi rechaza el universalismo a favor de una defensa de la cultura única de India. «La gente siente que su patrimonio está bajo asedio», me comentó. «En ese sentido, somos parte de una narrativa global».

Numerosos internacionalistas liberales tienen dificultad aceptando que los nacionalistas estén progresando, en parte porque algunos de sus puntos de vista políticos son genuinos. Su énfasis en la perdurable importancia del Estado nación claramente resuena entre los votantes. Las exigencias por un control más estricto de la migración ilegal fluyen naturalmente de esa idea, ya que la cuestión de quién tiene derecho a la ciudadanía es fundamental para la identidad nacional.

Los nacionalistas de Europa — como los Sres. Salvini, Orban y el británico Nigel Farage — se han aprovechado de las quejas de que la UE se apoderó de demasiados de los poderes tradicionales de las naciones y que lo controla todo, desde los déficits presupuestarios nacionales hasta los derechos de ciudadanía.

Las principales exigencias de los nuevos nacionalistas, tales como el control de la inmigración o el proteccionismo, tienen un lugar legítimo dentro de la política democrática. Pero las políticas adoptadas por ellos, una vez que están en el poder, se han esparcido rápidamente en terribles direcciones, como la detención de niños migrantes en EEUU o como la demanda del Sr. Salvini de una expulsión masiva de Italia de la población romaní.

Un problema clave es que el énfasis nacionalista en el Estado nación generalmente conlleva un fuerte elemento cultural y racial. Una vez que se comienza a pensar en los extranjeros como ‘menos dignos’ que los compatriotas — de hecho, como personas que «infestan» la nación (en palabras del presidente Trump) — es mucho más fácil tratarlas despiadadamente.

Un segundo problema es que los nuevos nacionalistas a menudo ignoran la complejidad del mundo moderno. Las reglas internacionales no son simplemente el producto de las preferencias ideológicas de una élite globalista no perteneciente a ningún país; ellas representan los medios necesarios para regular las interacciones de las naciones en todos los ámbitos, desde el comercio hasta los viajes. Si se suprimen todas esas exigentes leyes internacionales, nos hallaremos en camino hacia la anarquía, hacia una guerra comercial o hacia una guerra real.

Así es que, mientras los nacionalistas están haciendo causa común para enfrentarse a sus enemigos internacionalistas liberales alrededor del mundo, el «nacionalista internacional» es intrínsecamente inestable. Un mundo en el que los Estados nación se consideran rivales entre sí es un mundo que está preparado para el conflicto.

 

Fuente: www.diariolibre.com

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